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     por María Fernanda Martínez Sierra

    Al ministro de Fomento le pone la alta velocidad. El Plan Extraordinario de Infraestructuras (PEI), presentado el mes pasado por el Gobierno, servirá, en palabras de José Blanco, para construir nuevas infraestructuras de transporte durante los dos próximos años bajo un nuevo modelo de colaboración público-privada.

    La principal apuesta es el ferrocarril, tanto de pasajeros como de mercancías, ya que el Plan destina el 70% de su presupuesto a este modo y a garantizar la llegada de la alta velocidad a todo el territorio. Potenciarálos trenes de mercancías, sus conexiones con los puertos y la intermodalidad en aras de potenciarla sostenibilidad medioambiental. Y su otra gran línea de actuación, completar la red de infraestructuras viarias, para lo que destinará el 30% del importe total de 17.000 millones de euros a la construcción y mantenimiento de carreteras.

    En casos de recesión, los Gobiernos generan inversión pública para incentivar la actividad económica. Lo positivo del PEI es, sin duda, lo que supondrá de aumento de la demanda de sectores de obra pública y auxiliares, entre los que se encuentra el transporte. Lo peor, la falta de concreción de los proyectos, la financiación -que empeña el presupuesto de futuros Gobiernos- y el desproporcionado apoyo que da al transporte ferroviario frente a la carretera.

    Patente queda pues en este Plan estrella del Gobierno la predilección de Fomento por el ferrocarril y la falta de dedicación al transporte de mercancías por carretera, es decir, a un sector que ostenta un valor social y estratégico que no se refleja en el PEI y cuyas necesidades básicas continúan carentes de soluciones.

    Los suntuosos planes del ministro Blanco dejan de lado problemas tan acuciantes como la estructuración de una red de áreas de descanso en las carreteras, la creación de corredores de mercancías norte-sur y este-oeste y la eliminación de cuellos de botella.

    Nada dice el PEI del uso libre de las infraestructuras, es decir, de eliminar las restricciones genéricas a la circulación para el transporte profesional. Y, en opinión del presidente de la CETM, Marcos Montero, la inversión destinada a las nuevas vías y su conservación es muy escasa en relación a la inversión total del Plan.

    En definitiva, más le vale a nuestro ministro Blanco llevar a cabo su propósito de reunirse dos veces al año con los representantes del sector y hacer valer su opinión en todo cuanto esté en su mano, porque este Plan deja mucho que desear en lo relativo a infraestructuras para el sector. En cuanto a lo demás, para qué hablar.

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