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Junio 2015 - Editorial revista Transporte Profesional

Javier Baranda director y editor Javier Baranda director y editor Transporte Profesional

¿Tasas? ¿Qué tasas?

Apenas transcurre una semana sin que el transporte de mercancías por carretera no esté en el punto de mira de diversos organismos que ven a nuestro sector como una tabla de salvación, un remedio a sus problemas, a su ineficacia, falta de imaginación y escasa capacidad de influir en estamentos públicos.

Si analizamos mínimamente sus propuestas (son tan vacuas que no es necesario perder demasiado tiempo), da la impresión de que consideran a nuestro sector no solo como un pozo sin fondo donde introducir la mano para robarle una y otra vez la cartera, si no como un conjunto indeterminado de personas o asociaciones que cuentan con miles de vehículos causantes de muchos de los males de nuestra sociedad y que, en consecuencia, justo es que se le castigue, incrementando su fiscalidad.

 Se apoyan, sin duda interesados, en esa imagen que todavía persigue al sector, al que se le considera directo culpable de embotellamientos, contaminación y accidentes, cuando la realidad es bien distinta. Tenemos, todavía, un transporte moderno y eficaz (la normativa sobre emisión de gases de escape es cada día más estricta), que está siendo capaz de superar la que probablemente sea la crisis más dura de su historia.

Un transporte con personas imaginativas y capaces, que han invertido e invierten en la formación de sus cuadros, de sus conductores, en costosos equipos e instalaciones, y donde la profesionalidad es proverbial, pues cada vez los cargadores son más exigentes en sus demandas de transporte.

Profesionales que han contribuido a rebajar de manera drástica la siniestralidad de sus vehículos, como ha quedado demostrado en las estadísticas, puesto que no siempre la “implicación” de los mismos en un accidente supone su culpabilidad. Un transporte en el que las organizaciones que agrupan a miles de transportistas son cada día más fuertes e influyentes ante los poderes públicos, a los que sin pausa y con esfuerzo van “recortando” sus pretensiones y rebajando sus presiones.

Estamos hartos. Hartos de que los cargadores presionen al Gobierno para modificar las masas y dimensiones a su antojo, sin ningún tipo de contrapartida. Cansados de que las grandes constructoras y empresas concesionarias de autopistas exijan a la Administración el concurso de nuestro sector para pagar la ruina de unas autopistas de peaje en las que apenas circulan vehículos.

Aburridos, en suma, de que las inversiones en carreteras, fundamentalmente en lo que respecta a su mantenimiento, deban sufragarse vía imposición de nuevas tasas, como ahora pretenden desde la Asociación Española de la Carretera, desde la que, una vez más (no será la última), alzan la voz sus miembros, las grandes constructoras.

A su presidente, Juan Lazcano, no le han dolido prendas al reclamar la imposición de una nueva tasa en todas las carreteras actualmente libres de peajes, tanto estatales como de titularidad autonómica, lo que supondría la nada desdeñable cifra de 2.000 millones de euros anuales de ingresos.

Como no podía ser de otro modo, la CETM y otras organizaciones del sector han mostrado su rechazo más absoluto a esta peregrina idea. A nadie se le oculta los perniciosos efectos negativos que comportaría para la competitividad de nuestra economía.

Se esgrimen sesudos estudios, avalados por prestigiosos especialistas y catedráticos de Universidad sobre la conveniencia, por ejemplo, de incrementar las masas y dimensiones. Pero bajo una apariencia de razonados y positivos argumentos a favor, se ocultan o no se dice toda la verdad sobre las razones “negativas”.

Nosotros también tenemos acceso a “otros” estudios relacionados, sin ir más lejos, con la fiscalidad que soporta la carretera, que daremos a conocer en nuestro próximo número.

En ellos se demuestra que la carretera es el modo en el que la suma de impuestos, tasas, peajes y cánones es la más elevada; que además está haciendo un gran esfuerzo por reducir sus costes externos; que aporta más de cuatro veces lo que se invierte en ella; y que paga sobradamente su “contribución” a la contaminación del medio ambiente, “por lo que no tiene sentido –se arguye en este estudio- aplicar una política de tarificación de la carretera si antes no se llega a una armonización fiscal”.

¿Tasas? ¿De qué están ustedes hablando?

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Este artículo, completo publicado en la revista Transporte Profesional
Número 351 - junio 2015
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