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    Marzo 2018 - Editorial revista Transporte Profesional

    Javier Baranda Javier Baranda Editorial

    La eliminación de los “3 vehículos”. ¿Y ahora, qué hacemos?

    En la mañana del pasado 8 de febrero, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea dictaba una sentencia por la que se conminaba al Gobierno español a eliminar el requisito de contar con un mínimo de “3 vehículos” para acceder al mercado, por ilegal y no ajustarse a la normativa comunitaria.

    Esa misma tarde, el ministerio de Fomento se apresuraba a emitir una nota declarando el acatamiento de la citada sentencia, cuando se formalice la modificación del Reglamento de la Ley de Ordenación de los Transportes Terrestres (el ROTT), en proceso de tramitación en estos momentos, y añadía, además, su intención de “elevar el rigor en el cumplimiento de otros requisitos para obtener la autorización de transporte”, ateniéndose a lo previsto en la reglamentación comunitaria.

    A este respecto, Fomento mencionaba la competencia profesional (en referencia a los exámenes de acceso a la profesión) y el “establecimiento” (contar con medios electrónicos o de otra índole); la vinculación con la empresa y las funciones que debe ejercer el “gestor de transporte”; la capacidad financiera (señalaba a las empresas que entren en concurso de acreedores) y el cumplimiento del requisito de honorabilidad, que debería concretarse de forma más detallada.

    Está claro que el requisito de los “3 vehículos” no era un capricho, pues atendía a las necesidades del sector, es decir, reducir la atomización y contar con empresas más fuertes, para incrementar la profesionalización y la competitividad.

    Si, a partir de que se publique el nuevo ROTT (probablemente en julio), puede accederse a la actividad de transporte con un solo vehículo, sin límites en cuanto a peso y antigüedad (también desaparecerá, porque ya existe un precedente de otra sentencia anterior que afecta al transporte privado), la actual estructura empresarial se irá al traste. ¿Las consecuencias? No es necesario elucubrar mucho para entender que los cambios pueden ser desastrosos para el futuro del sector.

    Tal y como está la situación laboral en nuestro país, más de un “despistado” creerá que con estas condiciones “ser transportista” le puede solucionar la vida. Al fin y al cabo, no es absolutamente imposible hipotecarse una vez más para conseguir un crédito y adquirir un solo camión, máxime cuando la antigüedad del mismo no es una traba.

    Indefectiblemente, más temprano que tarde, la aventura estará abocada al desastre, pero mientras, determinados operadores y por supuesto los cargadores, estarán encantados de contar con una mayor oferta de transporte (ahora que se quejan de la falta de camiones), a un precio todavía más irrisorio.

    El tema es tan importante y grave que requiere de un concienzudo estudio de la sentencia y de la reglamentación en la UE sobre el acceso a la profesión, de forma que las asociaciones de transportistas planteen una propuesta que, por un lado, endurezca el nivel de exigencia para entrar por vez primera en el mercado y, por otro,  que ésta no pueda ser rebatida por los tribunales europeos. Y ello debe hacerse contando con el consenso de Fomento.

    No cabe duda de que un primer control atañe a la capacitación profesional. No sólo en cuanto a la formación exigida, como la posesión del título de Bachiller Superior o de la Formación Profesional de nivel 2, sino también a la armonización de los exámenes en todo el territorio nacional, y a la limitación del número de convocatorias.

    Pero, aparte de los temas anteriormente señalados –como los requisitos de “establecimiento” y honorabilidad-, hay otros como el cumplimiento de las obligaciones fiscales, el incremento de la inspección a las “empresas buzón” y a las “falsas cooperativas” e incluso la eliminación de los módulos para el próximo año, que deberán formar parte de ese planteamiento al que hemos aludido.

    Porque detrás de esta medida, de la eliminación de la dimensión mínima de empresa, subyace una pregunta vital: ¿Qué queremos que sea nuestro sector del transporte? ¿Verdad que en la mente de todos está el ser una parcela estratégica de nuestra economía, respetada y con dignidad, tanto por los poderes públicos como por nuestros cargadores?

     

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