Jueves, 02 Julio 2020

    Hace poco leí este comentario en un periódico: “Alguien ha dicho que nos ha tocado vivir los tiempos de la vergüenza, la mediocridad y la renuncia”. Vergüenza “por el abandono de los principios que debieron ayudar a superar una crisis económica fabricada por un capitalismo rampante”, mediocridad “porque se ha desarrollado una visión alicorta de la situación política y económica” y renuncia “porque todos, como corresponsables, estamos consintiendo y propiciando esta situación”. Una observación poco alentadora pero muy lúcida.

     Y creo que, este escenario de corresponsabilidad, ha provocado las numerosas reformas de tipo estructural que surgen a cada rato, propuestas a corto, medio y largo plazo, como prestaciones para afrontar las dificultades del siglo que transitamos. De modo que, tanto el gobierno como la élite empresarial han decidido actuar y no les tiembla el pulso al hacer ajustes y tomar las medidas necesarias. Porque la actualidad se mueve, la sociedad está indignada y se necesitan respuestas, referencias para canalizar el desencanto, el descontento y el desconcierto.

    Fomento, el referente más próximo a nuestro sector, ha ideado un plan de ahorro de energía y reducción de emisiones de gases de efecto invernadero que, en el caso del transporte, supone el 40% del consumo energético total del país.

    Dividido por sectores, la partida de ahorro en el caso del transporte por carretera, se estima en 121 millones de euros y además, 261 toneladas de CO2 menos, lanzadas a la atmósfera. El  ministro José Blanco destaca también, las denominadas “autopistas del mar” (rutas marítimas internacionales para los camiones), incluidas en su apuesta intermodal. Que son algunas medidas de entre las 100 que contiene cierto listado del “plan” a corto y medio plazo (2020, 2030).

    Por su lado, la Comisión Europea ha publicado el nuevo Libro Blanco del Transporte con el objetivo puesto en el año 2050. Engloba una serie de propuestas para reducir, de forma drástica, la dependencia de Europa del petróleo importado y disminuir las emisiones de carbono en el transporte, entre un 80 y un 95% por debajo de los niveles de 1990. En su análisis, el Ejecutivo, plantea trasladar a modos como el ferrocarril o el fluvial el 30% del transporte por carretera en distancias superiores a los 300 kilómetros. Crear una red de corredores, operativa por toda la UE, que pueda transferir las mercancías, de un modo a otro, sin cortes en el flujo y establecer un sistema de información, gestión y pagos de estos transportes multimodales, así como el compromiso del sector privado para asegurar la financiación de futuras inversiones en transportes.

    Ejemplo de integración en los nuevos tiempos es Mercedes-Benz que presenta, con antelación a su entrada en vigor, el nuevo motor Euro VI para vehículos pesados. Y ya en el ámbito más domestico, imposible pasar por alto, el esfuerzo gigantesco del Presidente de la CETM, Marcos Montero y su equipo, para sentar definitivamente las bases entre transportistas y cargadores.

    Conseguir el acuerdo conjunto que reconozca derechos y deberes de ambas partes, que restrinja las subcontrataciones y los incumplimientos de contrato. La firma del convenio, prevista para el día 19 de abril, marcará la pauta de las relaciones contractuales y el compromiso de respetarlo a partir de esa fecha. (El documento, que consta de 14 puntos, está debidamente desarrollado en la revista Transporte Profesional).

    Otro logro, acorde con el siglo XXI, ha sido la inauguración del nuevo Centro de Formación del Transporte y la Logística de CEFTRAL-CETM en Azuqueca de Henares (Guadalajara). Un proyecto formativo completo, pionero en España y de relevancia para los nuevos tiempos, en lo que a capacitación y cualificación de los profesionales de nuestro sector, se refiere.

    Está bien reconocer y apoyar los compromisos del siglo XXI, pero, como el instinto del periodista es hurgar detrás de lo que nos dicen, quizá se debiera tener en cuenta que, el salario medio en España es la mitad del que se cobra en Inglaterra o Alemania, que somos los reyes de la economía sumergida, que hay casi 20 millones de asalariados mileuristas, que los contratos temporales y el paro doblan la media del entorno, que hay muchas empresas que aún teniendo beneficios despiden personal… Claro que, estos datos son pequeñeces a la hora de abordar reformas en un horizonte lejano. Podemos dormir tranquilos, en cualquier caso, (disculpen la ironía) siempre nos quedará París.

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