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Miércoles, 19 Enero 2022

    Enero 2022 - Editorial revista Transporte Profesional

    Javier Baranda, editor de Transporte Profesional Javier Baranda, editor de Transporte Profesional Editorial

    El trasfondo de los acuerdos

    El pasado 10 de noviembre el Comité Nacional de Transporte por Carretera (CNTC) decidía por unanimidad convocar un paro en fechas prenavideñas.

    Había tiempo sobrado para negociar con los nuevos responsables de Transportes los famosos 10 puntos, las reivindicaciones del sector pendientes desde enero de 2020

    El MITMA tenía ante sí una oportunidad única para  enmendar los errores, las injusticias y los engaños cometidos por su anterior titular, José Luis Ábalos, cuando el 23 de julio de ese año su secretario de Estado, Pedro Saura, firmaba en su nombre unos compromisos que –a excepción de la Ley de Morosidad- jamás se cumplieron.

    Pero las conversaciones no fructificaban y los empresarios de transporte, acuciados por un contexto socioeconómico de violenta inflación (con el combustible como estandarte) y aumento de la presión de los cargadores, instaban al CNTC a conseguir los objetivos marcados.

    Sin embargo, la percepción en Transportes era que se trataba de un órdago sin consistencia; que la carretera estaba dispuesta a ceder tan pronto como se le hicieran algunas “concesiones”.

    Las declaraciones de la ministra Raquel Sánchez afirmando que los problemas de la carga y descarga eran cosa de cargadores y transportistas y que su Departamento no era competente para negociar no sé qué temas, caldearon aún más el ambiente.

    Transportes se dio cuenta de que la cosa iba en serio cuando los transportistas comenzaron a endurecer sus posturas, sin ceder ni un ápice a la insistencia ministerial de firmar un acuerdo para presentarlo a los medios y la opinión pública, y conjurar el paro. No cabe duda de que las “marchas lentas”, como la que culminó en Madrid con una sonora pitada frente al Ministerio en pleno paseo de la Castellana, ayudaron al cambio de estrategia ministerial.

    Así y todo y después de varios desplantes e incomparecencias a las reuniones, por parte de la secretaria de Estado y de la propia ministra, se llega por fin al viernes, 17 de diciembre, en el que tras diez horas de negociación, se alcanzan los acuerdos de los que damos cuenta en este número.

    No han sido 10, sino 20, las medidas que los integran. Más que el número, importa su contenido. Ocho de ellas se desarrollarán vía Real Decreto.

    Destacan la carga y descarga y los tiempos de espera, con su régimen sancionador; la cláusula de revisión de los precios del combustible (obligatoria y sin pacto en contrario); la lucha contra la competencia desleal y el establecimiento de un Código de Buenas Prácticas Mercantiles, sin olvidar las masas y dimensiones. Son, sin duda, los mejores acuerdos que se podían alcanzar.

    Quiero apuntar como hecho positivo el que los cargadores hayan mostrado su deseo de establecer un nuevo diálogo con sus proveedores, en el que su posición de dominio debe pasar al olvido. Pero no entiendo sus críticas. Si no estuvieron en esta mesa fue por su culpa; a la postre, fueron ellos quienes provocaron esta convocatoria, con su actitud y su incumplimiento de la ley.

    No comprendo tampoco que AECOC se muestre indignada por haber realizado un desembolso de 250 millones de euros a fin de anticipar el desabastecimiento previsto en el paro; es solo un adelanto y al parecer no recuerdan los 2.000 millones de euros anuales que, según sus cuentas, les costaría hacer con sus medios la carga y descarga, en vez de emplear de forma gratuita a nuestros chóferes. Allá ellos.

    Lo verdaderamente importante, lo que subyace en el trasfondo de estos acuerdos es, como dice Ovidio de la Roza, “la oportunidad de propiciar un cambio de ciclo, de cultura empresarial, de equilibrar las negociaciones entre transportistas y cargadores”, romper la desigualdad, dignificar el trabajo del conductor y que el empresario obtenga un mínimo de rentabilidad con un cambio de la estructura de costes.

    Y como también apunta el presidente del Comité Nacional, Carmelo González, “ahora toca remangarse y enhebrar la aguja para perfilar no pocos detalles”

    La única forma de consumar estos acuerdos será bajo la supervisión de una comisión de seguimiento formada por miembros del Ministerio de Transportes y del Comité Nacional de Transportes, para que su ejecución sea plena y rápida.

    Mientras tanto, queridos lectores, os deseamos lo que en estos momentos más importa: salud y, por supuesto, suerte y felicidad. Que se cumplan vuestros anhelos es nuestro principal deseo. Y gracias por estar ahí.

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    Javier Baranda

    Director y editor de la Revista Transporte Profesional, periodista de vocación y devoción llevo media vida ligado a la información sobre el transporte y el asociacionismo en especial a la CETM

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